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Historia del Seguro en Honduras

Nacimiento del seguro marítimo

El seguro marítimo, era una práctica habitual entre los navegantes y comerciantes mediterráneos en la época en que Cristóbal Colón proyectó el viaje que le llevó a descubrir el Nuevo Mundo. No es, por tanto, utópico ni extraño pensar que al proyectar su expedición, entre otras cosas, tuviese la precaución de suscribir una póliza de seguro que garantizase los riesgos que iba a afrontar. El hito histórico que supuso esta gesta, también representó gran auge en el comercio de ultramar y, paralelamente, el desarrollo del seguro marítimo, que fue perfeccionándose según tenemos claras muestras en las instituciones que se crearon, y la regulación del contrato de seguros en las distintas ordenanzas que formaron parte importante de las "Leyes de Indias". Anteriormente a 1492, ante la necesidad económica de responder a los grandes riesgos, surgió la creación del seguro marítimo, proveniente del elemento extraño y hostil en el que la navegación se desarrollaba y de la ausencia de un régimen de protección de la comunidad dedicada a las actividades comerciales. La prohibición canónica del préstamo marítimo con interés, hizo que los especialistas se esforzasen por formular el seguro del modo más opuesto posible a aquel contrato. Para conseguirlo, la obligación del asegurador se disimulaba bajo la forma de un contrato de compra. Aquél decía comprar al asegurado los objetos de que se trataba de asegurar y se reconocía deudor del precio estipulado, conviniéndose en que el contrato sería nulo si estos objetos llegaban sanos y salvos al punto de destino. Es decir, que la indemnización pactada revestía en el contrato la forma de precio. Esta ficción, empleada primero para el seguro marítimo, hízose luego extensiva a los seguros de vida. Pero como aquí no podían designarse como objeto del contrato de compraventa las personas aseguradas, se acudía al recurso de hacer recaer el contrato sobre una cantidad de objetos y mercaderías.

El primer caso de verdadero contrato de seguro marítimo de que poseemos testimonio auténtico, procede del año 1347 y de el se conserva acta en el Archivo notarial genovés. En la ciudad de Pisa, guardase un contrato de seguros celebrado en el año 1384 y otro en Florencia del año 1397. De ese modo, y por un lento proceso lógico, el contrato de aseguramiento se fue desarrollando, a la par que se desenvolvía también por etapas graduales la organización sobre la cual descansa el seguro. El primer instrumento jurídico codificado del seguro, que existe en el mundo es el Edicto de los Magistrados de Barcelona de 22 de noviembre de 1435, conocido con el nombre de "Ordenanza de Barcelona". Nos encontramos, por tanto, a finales del siglo XV, cuando con el Descubrimiento de América se inicia la "Carrera de Indias", con una clara normativa vigente y un conocimiento grande del seguro marítimo, sobre todo en países como España, Portugal e Italia, donde transcurrió la vida profesional de Colón, lo que abunda en nuestra tesis.

Riesgos y seguros de la carrera de Indias

De los riesgos a que estaban expuestos buques y expediciones, da buena idea la de que, en las mejores condiciones, un navío de los que iban y volvían a Indias, desarrollaba un ciclo que duraba quince o dieciséis meses, invirtiendo en la navegación de ida unos ochenta días y ciento veinte en la de vuelta. Consideremos que de Sevilla a Portobelo o al Perú, ida y vuelta, había 10.000 y 28.000 kilómetros, respectivamente. Los barcos soportaban dilatadas visitas en Sevilla y Sanlúcar, para comprobar su nacionalidad, estado, carga, condiciones y pasaje. De 1504 a 1650, según P. Chaunu, navegaron a Indias 10.635 barcos, con un total de 2.168.700 toneladas, retornando de ellos 7.332, con un total de 1.613.400 toneladas. La amenaza de piratas y corsarios fue constante. La historia de las agresiones de las potencias extranjeras contra el tráfico español de Indias es la explicación del apetito que despertaba en todos la flota de plata. Por lo tanto, además de su aspecto político, tiene otro económico de mayor interés: la lucha contra el monopolio ejercido por España sobre unas colonias que la plata hizo fabulosamente codiciadas.

Sevilla y sus instituciones comerciales y económicas, fundadas para las Indias, tuvieron gran importancia en el desarrollo del Seguro. Fueron éstas: la Casa de Contratación y los Consulados. En ellas no sólo se practicó la actividad aseguradora a través de aseguradores y corredores, sino que además I actuaron como tribunal en casos de conflicto e incluso desarrollaron una completa legislación sobre la actividad aseguradora. En un principio, los aseguradores fueron personas individuales y no especializadas de modo exclusivo en este negocio, sino, en general, simples mercaderes que lo practicaban ocasionalmente, pero pronto comenzaron a asociarse entre sí. Las actividades del cargador y mercader sevillano fueron múltiples, ya que compraba en todos los puntos de la geografía española y europea todo tipo de productos para exportar a las Indias. Consecuencia directa de este tráfico fue la contratación de pólizas de seguros. Esta práctica profesional fue tan habitual que las "Ordenanzas de Sevilla" muy pronto se ocuparon de la figura del asegurador. Podemos afirmar que las personas físicas centraron la práctica del seguro hasta el siglo XVIII en que comenzaron a aparecer las primeras compañías de seguros, siendo Cádiz, a donde se había trasladado el centro neurálgico del comercio con las Indias, quien las albergó.

Ordenamiento jurídico del seguro americano

La importancia de los negocios del seguro marítimo en aquel tiempo se trasluce en numerosas disposiciones y ordenanzas. En Castilla los estatutos de los consulados de Burgos, Bilbao y Sevilla dedican más de la mitad de sus disposiciones a regular el seguro. Sus operaciones, tan movedizas, ofrecieron campo a las más caprichosas aventuras, que alimentaron con el seguro, antes de apoyarse en el, la contagiosa fiebre de la especulación. Respecto a la aplicación inicial del seguro en la Carrera de Indias, hasta ser reglamentados en 1556, los contratos de seguros se hicieron sin sujeción a normas especiales, según la costumbre universal; aunque hay noticia de algunos redactores ante escribano sobre diversos testimonios que permiten inducir que el procedimiento más frecuente sería el contrato in fide, establecido de palabra y anotado por el asegurador en sus libros de contabilidad. Los mercaderes se aseguraban unos a otros, y sin que al parecer hubiese ninguno exclusivamente dedicado a operaciones de seguro, todos comenzaron a practicarlas, asociados no pocas veces para este fin. Desde muy pronto, la Casa de Contratación fue encargada de ver y fallar todas las diferencias o pleitos surgidos en asuntos mercantiles, concretamente los relacionados con seguros y fletes. La legislación de seguros en el siglo XVII se limita a reiterar algunas disposiciones anteriores que parece no eran muy observadas. En 1618 se repetía que la inscripción de pólizas en el registro real era imprescindible para su validez, y una célula de 1671 insiste acerca del momento a partir de! cual se entiende comienzan a correr el riesgo los otorgantes de préstamos a la gruesa.

Algunas de las leyes vigentes estaban, sin embargo, en desuso por anticuadas; no es de extrañar que en el siglo XVIII hubieran de ponerse al día, por lo menos aquellas habitualmente transgredidas o cuya interpretación originaba conflictos en la práctica. La legislación anterior sobre seguros pasa en 1680 a la Recopilación de Leyes de Indias que se limitan a copiar, al pie de la letra, en su libro IX, título XXXIX, las Ordenanzas 28 a 60 del Consulado en materia de seguros.

El seguro en el virreinato de la "Nueva España"

Con la llegada de los Borbones a la corona de España, la economía americana sufre una gran transformación. El seguro marítimo era la única rama practicada en los virreinatos americanos. La Real Compañía de Seguros Terrestres y Marítimos de Madrid practicaba, en España, el seguro marítimo, así como también el aseguramiento de edificios contra los riesgos de incendio y de hundimientos. Sin embargo, en los virreinatos, al parecer, la compañía limitó sus actividades exclusivamente al ramo marítimo. No existía ninguna casa aseguradora en el virreinato de la "Nueva España" y los comerciantes locales debían recurrir a las de la metrópoli. Dos fueron los procedimientos que se utilizaron para la contratación de los seguros en las casas aseguradoras de España: uno de los procedimientos consistía en comunicar a España aviso de las mercaderías o caudales que se despacharían para la metrópoli para que de este modo se pudiese, previamente al embarque de los mismos, proceder a la contratación del correspondiente seguro. El otro procedimiento consistía en la utilización de apoderados, residentes en el virreinato, por parte de las casas españolas y quizá también de otros países.

Orígenes indígenas de la seguridad social

Antes del descubrimiento, los incas peruanos tenían la costumbre de cultivar en común las tierras de cualquiera que por un accidente temporal, como enfermedades, etc., se veía falto de obtener el fruto de su esfuerzo personal. Era algo análogo a la "andecha" española. Pero, además, en los repartos tenían la asignación de tierras correspondientes aquellos que, inválidos, ancianos, huérfanos, etc., no podían de ninguna manera cultivarlas, y mediante el trabajo colectivo de todos sus coterráneos podían atender así a su subsistencia. La organización peruana sirvió de fundamento e inspiración a las autoridades españolas para implantar las "Cajas de Comunidad". El caudal de las Cajas se alimentaba de tres distintas fuentes de ingreso: una agrícola, otra industrial y otra censal. Los dos primeros medios de obtención de recursos eran de origen indígena; por ellos se relaciona esta institución con su primitivo origen, con la forma que el. régimen de la previsión tenia bajo la organización incásica. El tercero era de introducción española. Cada comunidad tenia su caja propia en la cual no podía entrar otra hacienda que la de los indios y "cualesquiera otros bienes, fuesen oro, plata, reales, barras, joyas, especias o cantidades". Su administración corría a cargo de los oficiales reales, pero con la intervención y vigilancia del defensor y protector de censos de indios y del fiscal; cada audiencia estaba obligada a nombrar un contador y pagador para la caja de cada provincia, que debía dar cuenta anualmente de su gestión, siendo responsable de la misma. Para el sostenimiento de las cajas se dispuso que contribuyesen obligatoriamente todos los indios con medio real, forma de previsión general y obligatoria que luego se cambió por la obligación de cultivar todos los indígenas diez brazas de tierra para la hacienda colectiva. Además tenían sus obrajes y ganados comunes. Otros sistemas de previsión fueron llevados por los españoles a América, tales como el Gremio, la Cofradía y el Montepío. El Gremio es llevado a América por los españoles, y allí se organiza y constituye con las mismas características que el metropolitano de los siglos XVII Y XVIII. Es el gremio, cerrado, privilegiado, independiente en la mayor parte de los casos de la cofradía benéfica y con las mismas prescripciones técnicas detalladas y rutinarias. En el gremio americano sigue imperando, como en el de la metrópoli, el mismo espíritu de auxilio mutuo y de fraternidad, como lo prueba el reconocimiento casi general del derecho de la viuda a mantener el taller, obrador o tienda de su marido. En cuanto a los montepíos de iniciativa oficial, todos ellos se extendieron por América y en determinados casos tuvieron un régimen especial.

Nacimiento del seguro hondureño

Llegamos a principios del siglo XIX, en que se produce la independencia de los países americanos que, aun tratándose de un hecho global, no estuvo exento de variantes regionales. Ideales como los de Bolívar, San Martín o Morazán no cuajaron y el continente vio nacer un gran número de nuevas naciones que fueron adquiriendo sus propias características y estructuras sociales, económicas y jurídicas. El seguro no podía ser ajeno a este fenómeno, y en cada uno de los países de la zona tuvo génesis distinta el nacimiento de cada industria aseguradora nacional. Antes de la independencia, la Corona española funda en las provincias americanas, simultáneamente a la metrópoli, entidades locales o establece sucursales de las que operaban en España. En la "Nueva España", la industria aseguradora es antigua: la primera compañía de seguros de la que se tiene conocimiento fue fundada en el mes de enero de 1789 en el puerto de Veracruz: la compañía es de seguros marítimos, con un capital mínimo de 200.000 pesos, formado por cuarenta y seis acciones de cinco mil pesos cada una, y el 9 de julio de 1802, a consecuencia de la prosperidad mercantil que disfrutaba el puerto de Veracruz, se funda otra compañía, denominada "Compañía de Seguros Marítimos de Nueva España", bajo la inmediata protección de la virgen de Guadalupe. En la zona de Centroamérica y el Caribe las actividades aseguradoras, por regla general, no nacieron con el concepto actual hasta principios del siglo XX, de manos de entidades extranjeras, fundamentalmente estadounidenses y mejicanas. Las primeras coberturas que se ofrecían se limitaban principalmente a seguro marítimo y de incendio. En Costa Rica, Honduras y Nicaragua los seguros fueron actividad intrascendente antes de este siglo. Las leyes relativas al seguro eran vagas y generales en su propósito. En Honduras, antes de 1917 sólo operaban entidades extranjeras. Este año se funda la primera aseguradora: El Ahorro Hondureño, Compañía de Seguros. En 1954, año en que se funda "Aseguradora Hondureña, S.A.", el Banco Central de Honduras, por medio de la Superintendencia de Bancos, inicia la organización de sus funciones de inspección y vigilancia de compañías de seguros, lo que se oficializa por Acuerdo 126, de 20 de enero de 1955. Con fecha 12 de abril de 1963 entró en vigor el Decreto-legislativo 28, que contiene la Ley de Instituciones de Seguros.

Revista CAHDA, reciente capítulo del seguro en Honduras

El organismo que asocia a las empresas aseguradoras, la Cámara Hondureña de Aseguradores, CAHDA, fue fundada el 28 de junio de 1974; creada como entidad de derecho privado, para la coordinación y defensa de los intereses de las entidades afiliadas, lleva a cabo una importante labor de difusión del seguro, muestra de lo cual es la reciente fundación de la revista CAHDA, que recoge el presente artículo, y a la que no quiero desaprovechar la ocasión que se me brinda, para desearle desde estas líneas una larga y fructífera vida en pro del desarrollo de la industria aseguradora.